Cuando pensamos en invertir, lo primero que se nos viene a la mente es la bolsa y la renta fija. Pueden parecernos opciones similares, pero, ojo, en realidad las acciones y los bonos son productos financieros con rentabilidades y riesgos diferentes que conviene conocer para decidir cuál se ajusta más a nuestro perfil y a nuestros intereses.

¿Qué es un bono?

Un bono es un activo según el cual el titular presta dinero a una empresa o un gobierno. El prestatario o bonista realiza unos pagos de intereses regulares hasta una fecha fijada, momento en el que se devuelve el importe inicial. La manera habitual de contratar un bono es a través de un intermediario financiero, un bróker como el de Renta 4 o a través de un fondo de inversión de renta fija.

Hay una amplia variedad de bonos disponibles, desde los que emiten las empresas (deuda privada) hasta los bonos del Estado, o los de las corporaciones o municipios (deuda pública).

¿Qué es una acción?

Una acción es como una fracción de propiedad de una empresa que puedes adquirir. Cuando posees una acción, te conviertes en accionista de la compañía, lo que te permite participar en las juntas de accionistas, acceder a los informes financieros de la empresa y, si la compañía decide distribuir beneficios, tienes derecho a recibir una parte mediante los dividendos.

Respecto a cómo se fijan los precios, si hay más compradores que vendedores, el precio de la acción subirá debido a que la demanda es mayor que la oferta. En contraste, si hay más vendedores que compradores, el precio de la acción disminuirá.

Se puede invertir en acciones seleccionándolas individualmente o mediante carteras de acciones, así como comprando una participación de un fondo de inversión de renta variable.

Principales diferencias entre bonos y acciones

Ahora que sabemos qué es cada producto, podremos entender más fácilmente sus diferencias.

La primera diferencia es que mientras que la acción es un título de propiedad de la empresa, el bono es un título de deuda. Es decir, cuando compras una acción de una entidad, te conviertes, aunque sea de manera minoritaria, en propietario. Cuando compras un bono, te conviertes en prestatario.

Así, mientras que ser propietario de acciones te concede ciertos derechos con respecto a la empresa de la que compraste títulos, que van desde la información, derecho de asistencia a la Junta, voto e incluso impugnación de acuerdos, ser bonista no. Los tenedores de bonos no tienen poder sobre la entidad prestataria ni ninguna participación en su negocio.

Una tercera diferencia es cómo se reciben los ingresos generados. El accionista tiene derecho al denominado dividendo, que se define como parte de las ganancias de una sociedad que se distribuye periódicamente entre sus socios. El tenedor de un bono, en cambio, recibe por prestar su dinero una rentabilidad periódica, previamente pactada. Al finalizar la vida del bono, o sea, en el momento de la amortización, le devuelven el dinero que prestó.

¿Cuál es más rentable?

Pues… depende. Aunque a ningún inversor en busca de certezas le gusta escuchar esta respuesta. Los bonos suponen unos ingresos fijos regulares ya que pagan intereses periódicamente, el denominado cupón, mientras que los ingresos de las acciones se realizan a través de las ganancias de capital mediante los citados dividendos y con la diferencia de precio entre el de compra y el de venta, si ha subido la acción.

Las ganancias de los bonos están fijadas de antemano, mientras que las de las acciones pueden variar o, incluso, convertirse en pérdidas. Además, dependiendo de la situación de la empresa, el dividendo puede subir, bajar o, incluso, suspenderse. Así que podríamos decir que comprar un bono es ir más a lo seguro y comprar una acción, algo menos. 

 

¿Cuál tiene más riesgos?

En inversión no existe el riesgo cero, pero conocerlos ya es poner la primera piedra para proteger nuestros ahorros.

  • Aunque los bonos suelen considerarse la inversión más segura de las dos, no hay que pasar por alto dos posibles riesgos: el crediticio, que es la posibilidad de que la empresa o gobierno no pueda devolver el capital al final del vencimiento del bono, y el riesgo de los tipos de interés, que es el riesgo de que el valor de un activo caiga debido a las subidas de los tipos. A su favor está que, si una empresa entra en liquidación, sus tenedores de bonos tendrán prioridad sobre los accionistas en la distribución de los fondos restantes.
  • Cuando se trata de acciones, el rendimiento de tu inversión depende del éxito de la empresa. Cuanto mejor le vaya a la empresa, mejor para tu inversión, que puede crecer exponencialmente. Pero claro, también funciona en la dirección contraria. Si las cuentas, previsiones o negocio de la compañía en cuestión se resienten, tu dividendo y su cotización también.

Entonces… ¿por cuál decidirse?

¿Por qué elegir? Lo primero que hay que decir es que no son excluyentes. Son muchos los asesores financieros que te recomendarán que diversifiques tu cartera y que incluyas tanto bonos como acciones.

En cualquier caso, los bonos son potencialmente más adecuados para los inversores en rentas y que buscan una ganancia segura, aunque no sea muy alta y generalmente a corto plazo. Mientras que las acciones son más adecuadas para los inversores que buscan crecimiento a largo plazo y no les importa esperar el momento adecuado para vender sus acciones y ganar dinero.